"Siempre fuera de lugar..."

domingo, junio 04, 2006

VUELVE A RODAR LA VIEJA PELOTA:



"Éramos felices cuando no nos parábamos a pensar en lo afortunados que éramos" La primera vez que recordamos, comenzamos a hacernos mayores. Y ahora, mucho de lo que hago es recordar sin parar. Estos son algunos de mis recuerdos:
Recuerdo un parque verde donde los únicos gritos quese escuchaban eran el "échamela", "yo me lo guiso, yo me lo como", "por aquí? no, por aquí"... No nos hacía falta ni un duro para estar toda la tarde pegándole patadas a una pelota. Yo creo que nunca tuvimos un balón de marca. O si? La verdad es que a lo mejor si que eran de marca, pero de tantas patadas que le dimos, le borramos cualquier huella. Cuanto más destrozado estaba el balón, más disfrutabamos. Y le seguiamos dando, hasta que las costuras cedían y no había manera de hacerlo rodar. Las improvisadas porterías eran unos bancos que tumbábamos. El campo de juego era un espacio con unos bordillos que hacían de improvisados compañeros. Qué buenos eran los bordillos!, cómo nos la devolvían a modo de pared! Siempre al pie.
No téníamos reloj, no nos hacía falta. Para que! Las patadas a la pelota terminaban cuando nuestra madre nos gritaba por la ventana eso de..."a comer". Nos resistíamos a oirlo, y apurábamos los minutos hasta el segundo aviso. Nunca tuvimos una conversación sobre amistad ni nada por el estilo. No nos hacía falta hablar de algo así porque era algo que no hacía ni falta discutir. Simplemente lo sabíamos todo. Se resumía en una pelota y nosotros. Para qué hablar, si la pelota nos lo contaba todo?
Ya de pequeños le dábamos a la droga esa del balón. Cuando no había bola, estábamos nerviosos. Sobre todo Salva. Era aparecer una pelota y Salva la cogía de un lado del parque y con una endiablada velocidad se regateaba a todos y delante del que estuviera de portero la pisba, le dejaba sentado y marcaba. Levantaba el índice, y ahí comenzaba un partido de horas. Cada vez que miro a mis rodillas, llenas de cicatrices, veo esos partidos, y aún oigo los balonazos pegando al cristal de los portales. Siempre salía el portero a decirnos que tuviéramos cuidado. Lo que nos aguantaron... Aún hoy creo que en esa plaza nos hicimos grandes jugones. El toque de balón que tuvimos años adelante, se lo debemos a esos días, y los regates en corto delante del portero los aprendimos de Salva. Cuando alguien más adelante me decía que la tocaba bien, para mis adentros pensaba..."pues tenías que ver a Salva, Edu...y los de la plaza"
Cuando no había balón, siempre surgían de no sé dónde, ideas de qué hacer: o una cabaña de cartones, o puteabamos a alguien. Pues no llevó golpes el "Cromañón". Juas juas!!! Salva que era el mayor, tenía la típica pistola de bolitas, que no veais como picaban. Pues el blanco perfecto era el Cromañón. Un gran juego era la correa. Uno la escondía y los demás a buscarla, y cuando uno la encontraba...zas zas zas al resto hasta llegar a casa. Era sencillo, unas veces dabas y otras te daban. Y sin ninguna maldad.
Un buen día, e ignorante de lo que me estaba pasando, hablamos en vez de darle patadas a la pelota. O fue mientras la pateábamos? Da igual. El caso es que las palabras fueron..."nos vamos a vivir a Murcia" En el momento, yo creo que no le dí importancia. Era un niño por Dios. No sabía lo que implicaba el que edu me dijera eso. El caso es que un día se fue. En silencio, de la misma manera en la que hablábamos sin despegar ni un segundo los labios. Y con el paso del tiempo empecé a darme cuenta de que el tiempo iba pasando silenciosamente. Ya no se oían los balones en el parque. Mis ojos siempre le buscaban en la misma ventana que durante todo ese tiempo siempre se abría a las cuatro de la tarde para decir..."a la calle". Pero no estaba. Él ya no estaba. Se había ido para siempre y con él, mi niñez. Ahí empecé a caminar solo. Y la pelota, ya en otros parques, no me era devuelta por su pie. Y, bueno como suele pasar, el contacto se perdió por completo.
Ayer, este mundillo de internet, nos puso otra vez en contacto. Y la casualidad hizo que viniese a Madrid un día, después de 10 años. Nos pasamos 6 horas hablando, y aunque fuera solo un segundo, fui capaz de volver a saborear lo dulce de esos días. Incluso ahora, al escribir esto, se me llenan los ojos de un líquido llamado lágrimas, que creo que nunca llegamos a derramar cuando estuvimos unidos. Para qué?! Nunca nos hizo falta. Ahora sé que nunca volverá a rodar la pelota como antes, pero espero que esa misma pelota que lloraba por nosotros ignorantes de la distancia que nos iba a separar, algún día vuelva a venir de sus pies a los mios. Ahora seguimos caminando en la vida con una mochila que cada vez se hace más pesada y se carga de responsabilidades, que era lo que nunca tuvimos. Y esperemos que puedan pasar muchos años y sigamos teniendo la posibilidad de saber que lo que unió un día la pelota, no lo rompe el tiempo.
Muchas gracias Edu por darme la posibilidad de sonreir cuando era niño.
Dedicado a: Eduardo Vela
David Blanco Alfonso 4/06/06